Es el momento de decir adiós a Silicon Valley

by Pulso Social

By Juan Pablo Cappello

Por lo general, a Silicon Valley no le importa América Latina y, a América Latina, por lo general, no debería de importarle Silicon Valley.

Se ha puesto de moda entre los políticos y académicos de América Latina el tratar de inspirar a emprendedores e inversores de la región con imágenes de la creación de un “Chilecon Valley” en Santiago, un “Palermo Valley” en Buenos Aires, o un “Silicon Beach” en Rio de Janeiro. Pese las buenas intenciones detrás de ello, América Latina y su “TecnoLatino” pueden encontrar mejores usos para sus esfuerzos y su tiempo que tratar de replicar un Silicon Valley.

Esta persistente necesidad de imitar y compararse con Silicon Valley no hace sino distraer de la tremenda oportunidad que existe en la región a día de hoy.  

No ha pasado tanto tiempo desde que los fondos VC de Silicon Valley comenzaron a prestarle atención a compañías de América Latina. Primero fue Brasil, que en aquel entonces gozaba de un entorno económico favorable, y poco después llegaron las primeras inversiones en compañías principalmente de Argentina, México, Chile y Colombia.

(Lee: Silicon Valley, sí, pero no para novatos)

En paralelo, los gobiernos de América Latina empezaron a ser conscientes de la popularidad (y en muchos casos bajo presupuesto) que supone la promoción de la innovación y el crecimiento tecnológico en sus respectivos territorios. Rápidamente comenzaron a surgir numerosas iniciativas que contaban con apoyo gubernamental y que tomaron la forma de aceleradoras, programas de apoyo al emprendimiento y espacios de trabajo compartidos, entre otros. A Start-Up Chile, programa pionero en la región que cuenta con el apoyo de la Corporación de Fomento de la Producción (CORFO), le siguieron un sinnúmero de iniciativas similares tales como Startup Perú (estructurado por el Ministerio de Producción del gobierno peruano), IDEA Network Ecuador, el Instituto Nacional del Emprendedor (INADEM) en México o Tech Sampa, por ejemplo, que cuenta con apoyo financiero del ayuntamiento de São Paulo en Brasil.

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El elemento común de estas iniciativas, sin embargo, es que todas ellas se han inspirado en el modelo de aceleración de Silicon Valley, modelo que mide el éxito no por la cantidad de empleos creados o ingresos generados, sino por la cantidad de fondos obtenidos de los inversionistas. En todos estos modelos lo que se premia es la posible “disrupción” de una idea y no la sostenibilidad del modelo de negocio.  

El reciente informe publicado por LAVCA (Asociación de Capital Riesgo de América Latina) en el que se analizan las tendencias en el ámbito VC en la región durante los últimos cinco años ofrece numerosos datos que no vienen sino a confirmar lo que todos aquellos que participamos activamente en el ecosistema ya sabíamos: Por lo general, a Silicon Valley no le importa América Latina y, a América Latina, por lo general, no debería de importarle Silicon Valley.

La amplia mayoría de las rondas de financiación que han ocurrido en la región en los últimos años siguen teniendo un componente fundamentalmente regional. Fondos como Kaszek Ventures, Redpoint Ventures, Monashees, Bozano Investimentos, NXTP Labs, Nazca Ventures (ahora Mountain Partners), Latin Idea Ventures o Alta Ventures siguen estando entre los más activos de la región y el número de inversiones por parte de fondos americanos sigue siendo extremamente limitado (con la excepción de Tiger Global y otros pocos).

(Lee: Evolución y panorama de las aceleradoras en América Latina)

Por lo tanto, tenemos que hacernos las siguientes preguntas obvias (y también bastante incomodas): ¿Por qué este empeño de América Latina en parecerse a un ecosistema cuya realidad poco tiene que ver con la suya?, ¿Por qué esta insistencia en buscarle soluciones a los problemas del pueblo norte- americano antes de solucionar los problemas que afectan a gran parte de la población en la región?

(Lee: El Silicon Valley mexicano emerge con sangre joven en la cuna del mariachi)

Parece que hemos olvidado que, a día de hoy, América Latina ya cuenta con más usuarios de Internet que Estados Unidos (aproximadamente 340 millones de usuarios contra 270 millones) y las proyecciones apuntan a que, dentro los próximos cinco años, el número de personas con acceso a Internet debería de incrementarse exponencialmente (pasando a unos 450 millones de usuarios en América Latina contra 290 millones en Estados Unidos).

A modo de ejemplo, con solo la mitad de la población con acceso a Internet, América Latina representa ya el 20% de la base de usuarios de Facebook y el 38% de la de WhatsApp.

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Por lo tanto, ahora sí, y de una vez por todas, es momento de dejar atrás a Silicon Valley y ese aparente deseo de tratar de ser colonizado por Silicon Valley. Podemos inspirarnos en Silicon Valley, qué duda cabe, pero entendiendo que nuestro norte debería de ser crear un ecosistema de innovación donde el foco sea crear compañías sostenibles y que resuelvan los problemas de nuestros pueblos, en lugar de crear compañías que no ganarán dinero nunca y que tratan de sobrevivir con la esperanza de que, algún día, un fondo VC de la costa oeste de los Estados Unidos llegara con un cheque para fondearlas y, ya de paso, trasladar al equipo directivo a California.  

Si bien por distintos factores (que, por cierto, tomaron décadas en dar sus frutos) Silicon Valley es actualmente la meca de la innovación en el mundo, la región no se caracteriza precisamente por su diversidad, su capacidad de actuar ante la adversidad y desde luego, tampoco por sus niveles de igualdad (los informes demuestran que las mujeres solo representan el 11% de los puestos ejecutivos y confirman que los hombres ganan un 73% más con los mismos títulos educativos y profesionales).   

(Lee: Solo existirá un Silicon Valley)

América Latina, por su parte, tiene toda una serie de fortalezas que son absolutamente únicas y que no pueden encontrarse en ninguna otra región. No nos referimos únicamente a las potencialidades que se desprenden de la riqueza que significa la diversidad étnica y cultural de la región, sino también de la fortaleza que supone abrirse camino en un entorno económico y político adverso. El emprendedor de América Latina no se asusta ni desiste ante los problemas, busca formas creativas de avanzar y crecer. El emprendedor de América Latina está acostumbrado a no tener todas las herramientas a su alcance y a que su entorno no sea un mundo de oportunidades. Sin embargo, y en eso hay que reconocerlo Silicon Valley ha hecho un excelente trabajo, los gobiernos y líderes empresariales de América Latina si deberían de estar buscando formas de crear ese “mundo de oportunidades” que sirva de recompensa al esfuerzo y el trabajo bien hecho.

En Silicon Valley, los referentes son las grandes compañías. Sin embargo, la revolución tecnológica no está ocurriendo ni beneficia únicamente a las grandes empresas. Por cada Apple o Facebook existen decenas de miles de compañías de pequeño y mediano tamaño (Pymes) que luchan cada día por competir con las grandes corporaciones y en las que la tecnología marca una gran diferencia.

Startup México

La clase política de América Latina, los líderes de nuestra sociedad en los distintos campos y cada uno de nosotros, debemos de poner de nuestra parte para ayudar a las miles de Pymesque forman la mayor parte del tejido empresarial de la región a progresar y convertirse en compañías sostenibles, capaces de crear empleos de calidad. Son precisamente estas Pymes las que pueden tener un impacto real en la sociedad, las que tienen la agilidad, el conocimiento y la capacidad para verdaderamente llevar el avance tecnológico a cada rincón de la región.

(Lee: Por qué Silicon Valley no es nuestra respuesta (y sí lo es Bollywood))

En resumen, la revolución tecnológica en América Latina no debería de medirse por el número de “unicornios” que surgen de la región, ni por el número de compañías que han logrado recaudar cientos de millones de dólares de inversores institucionales. Así es como mide su éxito Silicon Valley y les deseamos todo el éxito del mundo. En América Latina, son necesarios valores y objetivos diferentes a los de Silicon Valley. Mi propuesta es que la medida del éxito del ecosistema tecnológico de América Latina sea el incremento en el número de empleos de calidad, la capacidad de ofrecer salarios competitivos, de crear incentivos para atraer y retener talento y, por supuesto, de crear soluciones a los problemas que afectan a millones de personas en América Latina.

Juan Pablo Cappello es un inversionista en más de 30 compañías de tecnología, cofundador de www.idea.me, www.thelabmiami.com y www.moblabs.comentre otras, y asesora a emprendedores de la región desde www.private-advising.com.  Su colega Sofia Yague le colaboro en la redacción de este artículo.

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